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HISTORIA 2


Diego A. Manrique - (Enero, 1995)

Una intuición particular: fueron ellos, los tipos de Tequila, los que desvirgaron a este país en cuestión de Rock y una explicación: cuando aparecieron, España era una paramera para el Rock. El rock en sentido estricto, ya que proliferaban todo tipo de propuestas mixtas, del rock layetano al rock con raices andaluzas. En Madrid se respiraba un movimiento de rock urbano que agitaba orgulloso su bandera de marginalidad pero parecía imposible que aquello arraigara en el gran público.
Quedaban muy lejanos los años sesenta, cuando docenas de conjuntos arrasaron haciendo pop en castellano. Luego llegó la era de la psicodelia y el progresismo, propuestas demasiado fuertes para un país que, no conviene olvidarlo, vivía bajo una dictadura. Los años setenta comenzaron con el rock nacional en situación underground (literalmente, en la clandestinidad), con las listas dominadas por baladistas y producciones foráneas.
Tequila cambió todo. En 1977, Julián Infante (guitarra) y Felipe Lipe (bajo) se desahogaban en la Spoonful Blues Band y conocieron a Ariel Rot (guitarra), recién llegado de Buenos Aires.
Eran los días de conciertos en el M&M y ensayos en un chalet de Arturo Soria. Al poco, se les unía Manolo Iglesias (batería) y Tequila se completaba con Alejo Stivel, un amigo argentino de Ariel, que tomó el puesto de cantante.
Un inciso para mencionar lo importante que fue la emigración argentina en la reinvención del rock español. En aquella república no ocurrió la fractura que hundió al rock Made In Spain a finales de los años sesenta. Al contrario, el público siguió la evolución de los músicos, y el rock argentino generó un espléndido santoral de creadores y una forma peculiar de cantar, un universo artístico propio y una forma de encarar el mundo y de reflejar la realidad interior.
Fue Mauricio Birabent, alias Moris, un tipo con historia dentro del rock argentino, quien demostró a los insurgentes madrileños que se podían hacer canciones en castellano -en aquellos momentos, el idioma preferido era el inglés macarrónico- que retrataran la ciudad y las gentes que allí vivían. Suena elemental pero entonces resultó toda una revelación.
Ariel y Alejo se trajeron desde Buenos Aires temas de Charly García, Sergio Makaroff y Norberto Napolitano, pero también una idea ambiciosa: la posibilidad de desarrolar un rock sencillito con capacidad de seducir a una juventud que estaba descubriendo los placeres de la libertad. No tenían complejos respecto al rock -entonces circulaba la teoría de que era parte de "la colonización cultural yanki"- ni se sentían lastrados por la efervescencia política de la recién nacida democracia.
La referencia sonora era obvia: Los Rolling Stones. Pero unos Stones oxigenados, despojados de vicios, sin grasa ni arrogancia. La de Tequila era una propuesta elemental en su clasicismo. La destilación de 25 años de rock, concebido como vehículo de comunicación, nada de malditismo o de delirios de rockero que quiere ser artista.
Fué Miguel Angel Arenas, más conocido como Capi, quien se fijó en ellos, "he visto un quinteto con dos sudacas guapos al frente". En compañía de Vicente Romero fueron a chequearles a un colegio mayor, donde compartían cartel con La Romantica Banda Local, a 150 pesetas la entrada y escasa audiencia. Fascinando, Romero les sugirió participar en el segundo volumen de "Viva el Rollo", las recopilaciones que recataban a los sufridos grupos del empobrecido circuito del rock madrileño.
Pero lo de Tequila tenía potencial, olía a éxito. Con "Buscando problemas" y "Necesito un trago", los temas registrados para "Viva el Rollo II", Vicente Romero se fué a los despachos de Zafiro. La compañía le había dado el encargo de poner en marcha Chapa, un sello destinado al rock urbano. Romero y los ejecutivos entendieron que aquello de Tequila necesitaba otro tratamiento, que se podía prescindir de los canales especializados e ir directamente a un lanzamiento masivo.
Los hombres de Zafiro tenían referencias útiles para lo que se proponían hacer: a mediados de los sesenta, pusieron en órbita a Los Brincos y aquí aplicaron aquellas lecciones, recuperando incluso la etiqueta Novola, donde debutaron Los Brincos. Se trataba de poner en marcha la Tequilamanía y se movilizaron: el grupo se vió rodeado de multitudes bulliciosas, con chicas que agitaban pancartas y carteles impresos.
No hubo que fingir mucho: el mercado estaba maduro para un grupo como Tequila. "Matrícula de honor". El primer Lp, les presentaba en su portada como chicos malos - melenas y corbatas - en un aula diminuta; en la contraportada, fotos individuales de los cinco, ropa de calle y exceso de maquillaje. Sí, se les promocionaba como objeto del deseo.
El disco se abría con "Rock & roll en la plaza del pueblo" y resultó una metáfora perfecta. Tequila irrumpía en un país un tanto pueblerino donde el rock era una moda rara y podías terminar en el pilón, los mozos no tenían mucha simpatía por los maricas esos de las guitarras eléctricas. Pero el grupo estaba seguro de traer la medicina necesaria: "un poco más de rollo / no vendría mal / si no estoy colocado / no puedo tocar / el rock está en mi cuerpo / saltar y desmadrarme / me puedo liberar / el rock está en tu cuerpo / salgamos a bailar".
El rock como liberación. El rock como Tamtan generacional. Tequila hablaba de problemas básicos, de esperar a la chica, de estar sin pelas, de toparse con alguien deslumbrante, de satisfacer como fuera los deseos, de enfrentarse con los padres y la sociedad adulta. Y lo decían con un lenguaje coloquial, sin reprimirse, con descaro.
Alejo poseía la exhuberancia necesaria para transmitir esos mensajes y una voz de pillo que conectaba infaliblemente con sus oyentes. Detrás, una banda eficaz que facturaba ritmos contagiosos, rotundo -rock de toda la vida-.
La tequilamanía supuso una revolución genuina: el sector femenino del público que la industria alimentaba con los Pecos y solistas guapitos se pasaba al rock guitarrero. Y Tequila era un grupo bastante "auténtico" para atraer igualmente a un público masculino que necesitaba que le comunicaran vivencias urgentes en su idioma.

Tequila: Julián Infante (sentado), parados de izquierda a derecha: Alejo Stivel, Felipe Lipe, Ariel Rot y Manolo Iglesias
Asi que el fenómeno Tequila creció con los siguientes discos: "Rock & roll" (1979), "Viva Tequila" (1980) y "Confidencial" (1981). Discos con un diseño cuidado - el gran Juan O. Gatti, otro fichaje argentino - que enfatizaban una exposición de colores, que vendían el sex appeal de unos rockeros de imagen atractiva. Y la compañía echaba toda la carne en el asador promocional: discos en vinilo azul, maxis con versiones extensas, regalos de pegatinas y posters en los Lps... Tequila había conseguido la normalización del rock en España y, paradójicamente, esa situación se volvió en contra suya.
En 1980, surgía la llamada "nueva ola"; no triunfó inmediatamente, pero destapa toda una nueva oleada de grupos destinados a reemplazar a los surgidos en los setenta. Un movimiento que hubiera sido impensable sin el precedente triunfal de Tequila: las compañías ya sabían que aquello era vendible y en casos como el de Radio Futura se imitó el modelo Tequila de lanzamiento a tope. Y aunque fueran demasiado moderno como para reconocerlo, muchos de esos novísimos se sentían motivados por el ejemplo de Ariel y compañía: los cinco disfrutaban sin pudor de su status de estrellas del rock, vivían a fondo, encarnaban el espíritu del rock.
En la "Historia del Rock" de El País, Jesús Ordovás muestra su asombro por el desenlace: "Tequila desapareció del panorama precisamente cuando habían conseguido lo más difícil: un nombre, un sonido y una popularidad ganada a pulso."
Su descubridor, Vicente Romero lo atribuye ("Historia de una etiqueta: Chapa Discos") a la pérdida de credibilidad.
Todo fue naturalmente más complicado; también en su caída la de Tequila es una historia ejemplar. Una historia que debería contar, por ejemplo, Alejo Stivel, que coleccionó documentación respecto al grupo y que desde el relativo distanciamiento de su actual ocupación como manager y productor, podría hacer la crónica de los días de vino y rosas (y lo que vino después).
Alejo vivió con Tequila el sueño del rock y no quiso repetirlo: se negó sin vacilación a participar en la reunión del grupo para el programa "Qué noche la de aquel año!" y Miguel Rios tuvo que prescindir de la idea.
Ahora es un buen momento para recordar aquellos tiempos gloriosos y turbulentos. Tras sufrir una larguísima travesía por el desierto, Ariel y Julián estan otra vez en primera fila con Los Rodríguez y ellos pueden testificar que lo de Tequila fue un elemento esencial en la educación sentimental de millones de españoles (y una vara de medir a la hora de comparar el impacto popular de cualquier grupo posterior).
Si, el final de Tequila fué demasiado confuso y silencioso. Quedó a medio empezar un quinto disco del que tal vez se podría recuperar algo. Y está el disco en inglés que se hizo a petición de una compañía japonesa y grabaciones inéditas y curiosas, como su versión de "Tequila", el tema de Chuck del Rio. De todos modos, aquí está lo esencial de su legado. Rock desinhibido, canciones adhesivas, lenguaje fresco. Los éxitos que desvirgaron un país.

Diego A. Manrique


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