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REPORTAJE


Parte de una entrevista a ARIEL ROT,
"Andando rock and roll" (1997)


Curtido en mil batallas a ritmo de rock and roll, Ariel Rot, auténtica leyenda de la música española, mira con tranquilidad sus últimos veinte años como músico profesional desde Hablando solo, otra vuelta de tuerca a su personal concepto de lo que es el rock. Podría pasarse horas contando anécdotas de grabaciones propias y ajenas, de directos, del éxito y el fracaso. Lo dicho: una leyenda.

Militó en Tequila, grabó en solitario, produjo discos de Sergio Makaroff, estuvo en Argentina junto a Calamaro y dio forma a Los Rodríguez. Ahora vuelve sonar su poderosa guitarra en Hablando solo, su nuevo y flamante álbum en solitario, o no tan solo, pues cuenta con la cómplice ayuda de los Attractions, la banda que se forjó junto a Elvis Costello.
Ariel Rot



-En el año 76 Alejo Stivel, el futuro cantante de Tequila, y tú venís juntos a España.
-No, juntos no, con un mes de diferencia: yo vine en avión y él en barco, pero salimos más o menos en las mismas fechas, claro, a Alejo le costó un mes llegar.

-Erais amigos desde unos años antes.
-Sí, te voy a contar una anécdota curiosa; nos conocimos en un concierto de Paco Ibáñez al que nos llevaron nuestras madres -ya que mi madre y la de Alejo eran muy amigas- y nos sentaron juntos. Comenzamos a charlar: "¿a ti te gusta esto?" "¡No, a mi me gusta el rock!". Tendríamos diez u once años y a partir de ahí nos hicimos amigos, fantaseábamos con la idea de hacer un grupo de rock.

-Y en Buenos Aires os ponéis en contacto con Sergio Makaroff.
-Sí, Sergio ensayaba con el grupo que tenía con su hermano, Los Hermanos Makaroff, al lado de casa. Ahí fue la primera vez que yo entré en un local de ensayo. Fue la primera vez que vi a alguien que decía "esta parte tócala con el charles, en vez de con el plato", yo pensaba: "¡lo que tengo que aprender todavía!". Alejo y yo en esa época ya tocábamos temas de Sergio, aunque a Alejo le costó decidirse por la música ya que para él era muy importante el mundo de la televisión y el cine, porque su padre era director y no lo tenía muy claro, mientras que yo tenía clarísimo que era músico desde mucho antes.

-¿Cómo fueron los orígenes de Tequila?
-Nosotros veníamos de una época en Argentina en la que prácticamente estaba aniquilado a rock. A pesar de todo, aquí el ambiente era muy desértico comparado con Argentina, allí el rock llevaba más de quince años -desde principios de los sesenta había gente haciendo rock en castellano y con un carácter marcadamente argentino, tanto en Rosario como en Buenos Aires había grupos muy fuertes-. Llegamos aquí ávidos de información y comenzamos a ir al único sitio en el que había conciertos en esa época, una discoteca que se llamaba New M&M. Ahí vimos a los primeros grupos: Asfalto, Ñu... y nos llamó mucho la atención ver a Asfalto cantar el "Johnny B. Goode" en inglés, muy pasados. En uno de esos conciertos estaba la Spoonfull Blues Band donde tocaban Felipe (posterior bajista de Tequila), Julián Infante, (luego guitarra en Tequila y Los Rodríguez) y El Oso (batería de la primera formación de Tequila, nunca grabó con ellos). Eran muy fanáticos de Lynyrd Skynyrd. La verdad es que eran bastante malos, porque aparte de ellos había una cantante y un guitarra pésimos. Me acuerdo que cuando terminó el concierto hablamos con Felipe, ya que nos gustó mucho mucho como tocaba, finalmente entré yo y formamos un grupo que no tenía nombre y a los diez meses, o al año, les convení que teníamos que meter a Alejo en el grupo.

-Grabasteis un disco por año durante cuatro años, todo fue muy rápido.
-Casi, hubo un tiempo mayor entre el primer y el segundo disco, pero por una cuestión contractual: como ya habíamos vendido bastante del primero queríamos modificar algún gran detalle, como que el nombre de Tequila estaba registrado por la compañía. Eso nos llevó mucho tiempo de discusiones, y, finalmente, no conseguimos nada, así que decidimos seguir trabajando como Tequila a pesar de que el nombre ya no era nuestro, entonces sí, a disco por año

-Tras dos discos muy potentes y que funcionan muy bien comercialmente, Viva! Tequila! y Confidencial os separais, ¿por qué se produce la ruptura de la banda?
-Por muchas cosas, en primer lugar el desgaste ya era considerable: nosotros fuimos rompiendo muchos esquemas y eso lo notamos. Digamos que gracias a nosotros algunos grupos posteriores tuvieron el terreno mucho más abonado, más fácil, pero todo aquello de Tequila que parece tan bonito, en su momento era muy desgastante: ir a emisoras donde nunca ha ido un grupo de rock, ir a pueblos donde nunca ha ido un grupo de rock, ir a festivales montados por primera vez, la infraestructura era muy poco profesional y te machacaba. En resumen, comenzamos a sufrir un desgaste al que se le añade droga, éxito desmedido, cero contacto con la realidad, vivir otro mundo...

-¿Tan duro fue, tan mal acabasteis?
-Sí, aunque luego hubo tiempos peores porque la resaca de todo eso fue mucho más dura, descubrimos que éramos esclavos de los vicios caros (risas) y ya no teníamos dinero para pagarlos (más risas). Sí, hablando francamente fue así, estábamos muy hechos polvo, no todos, pero cada uno estaba en su historia personal, muchas veces muy apartada de la música. Y no era solamente el grupo, era todo lo que le rodeaba. Por otro lado, para la compañía habíamos pasado a ser como un grupo secundario. En aquellos tiempos demostraron mucha torpeza e incapacidad para poder manejar más de un producto o dos al mismo tiempo, estaban Obús y Barón Rojo y empezaron a sacar sólo grupos de heavy. Nos pusieron pegas para el último disco y nosotros en el plano estilístico no nos poníamos de acuerdo. Yo ya tenía ganas de hacer cosas como más oscuras, mucho más apartadas de Tequila y, sobre todo, quería cambiar el concepto de las letras.

-En el 84 grabas tu primer álbum en solitario, Debajo del Puente, con una producción y sonido que a mí no me gustan nada, con esa caja de ritmos tan machacona y omnipresente...
-Estoy totalmete de acuerdo contigo, es un disco muy difícil de escuchar, creo que las canciones no están mal, hay algunas que me parecen muy buenas. Yo quería romper con mi pasado, estaba muy obsesionado por dejar claro que ya no era un Tequila multicolor sino un hombre oscuro. En realidad era un niñato, pero quería hacerme el duro: no hice el traje a mi medida por lo que nunca lo pude llevar cómodamente. Fue un disco que me costó muchísimo defender, incluso pasé crisis de paranoia absoluta cuando lo terminé.

-Vértigo está mucho mejor de sonido pero las canciones no son tan impactantes.
-Sí, ya no tenía mucho que decir, ya había superado mi etapa dark, estaba en un momento intermedio. Sin embargo hay un tema muy oscuro, "Espíritu de vértigo" que me gusta mucho, al igual que Dudas, Sacrificio y Sin saber qué decir, una balada muy potente que sí me gustaría recuperar.

-En el mismo año de la publicación de Vértigo, el 85, colaboras en un tema de Vida cruel, el segundo disco solista de Andrés.
-Sí, fue la primera vez que trabajé con él.

-¿Ya te habías vuelto a Argentina?
-Cuando aquí saqué Vértigo, en Argentina salió Debajo del puente. Ya tenía músicos para presentar en directo Vértigo, aunque no hice casi actuaciones, y me tuve que ir a Argentina a presentar Debajo del puente, que fue una excusa para darle trabajo a los músicos y también un poco de acción. Ahí conocí a Andrés, y una noche me fui al estudio y grabamos juntos un tema de su disco, Acto simple. Fue sólo ese contacto con él. Lo siguiente fue que me vine a España, pero aquí no pasaba nada, y me volví a Buenos Aires a desintoxicarme un poco y a preparar, supuestamente, mi tercer disco. Andrés colaboró en las maquetas de ese tercer disco, que nunca salió, en el que ya estaban Vicios Caros y el Na na na de Los Rodríguez, pero con una música totalmente distinta. Me divertí mucho trabajando con Andrés, hicimos unas sesiones totalmente chifladas que marcaron la pauta de las que seguirían (risas), que fueron sus discos Por Mirarte y Nadie sale vivo de aquí, también grabaciones muy enloquecidas, muy caóticas, de puro rock and roll.

-Dos grandes discos
-Muy buenos... Tal vez se dieron una serie de circunstancias: un estudio argentino con todo lo que ello implica en cuanto a técnica, una actividad febril, visitas constantes de amigos, horarios maratonianos... Nos salió redondo a pesar del delirio que teníamos alrededor.

-Te integras de forma habitual en la banda de Andrés.
-Sí, fueron tres años.

-Entremedias grabaste La buena vida de Sergio Makaroff.
-Claro, eso fue entre los seis meses en los que grabé mis maquetas. Volví aquí, hice el disco de Sergio y ya me marché a Argentina y me quedé tres años.

-¿No era, en aquel momento, un poco frustrante ver que no había forma de que funcionaran ni tus discos ni los de Sergio?
-Sí, totalmente, pero fueron vivencias muy importantes, creo que si no conociera esa parte amarga yo estaría un poco incompleto. Fue muy brutal porque el éxito de Tequila fue muy salvaje y el descenso muy fuerte y muy cruel, instantáneo, y no sólo de cara a la gente, incluso con el teléfono.

-Nadie te llama
-Ni nadie atiende, los directivos ya no se ponen, todo comienza a ser mucho más complicado, más desagradable y tienes una sensación de inutilidad total para moverte solo por la vida. En los años de Tequila, antes de salir de mi casa yo ya estaba con el road manager organizándome la vida. Fue un shock bastante brutal, pero con el tiempo creo que fue algo absolutamente positivo.

-Supongo que son tiempos difíciles, incluso, en lo económico.
-Sí, lo que es que en Argentina comencé a trabajar con un par de amigos muy geniales, muy cachondos que me ayudaron mucho. Ellos hacían publicidad pero de una manera completamente freak. Los tipos con hacer una canción al mes vivían como reyes y no se preocupaban por nada más.

-En aquellos años ya no mantenías ni casa en España, ¿resides en Buenos Aires de manera habitual?
-Sí, vivía en Argentina en casa de mi hermana Cecilia. Después, cuando ya empezaba a organizarme un poco la vida y a ganar pasta ahorré lo suficiente para venirme a España a intentar montar una banda.

-Esos dos discos de Calamaro, Por mirarte y Nadie sale vivo de aquí en los que estás como coproductor, músico y compositor, son de alguna manera la semilla de Los Rodríguez.
-Totalmente, creo que nos influenciamos ambos, uno al otro, a pesar de que era su banda ya comenzamos, de alguna manera, a ser socios. Y salió eso: la mezcla del lirismo de Andrés con mis guitarras y mi sonido. Yo no tenía demasiado claro un sonido en aquella época y salió así, fueron grabaciones muy espontáneas. No había preproducción, era simplemente ir y tocar los temas como mejor saliesen, que es un poco lo que después hicimos con Los Rodríguez, que no llevábamos demasiado guión.

-Luego ya vuelves a España y te reencuentras con Julián Infante (Tequila y Los Rodríguez), y decides empezar de nuevo.
-Sí, era una buena edad para comenzar otra vez, tenía treinta años. Yo venía de vez en cuando aquí a hacer pequeños trámites para no perder la residencia y ese tipo de cosas. En uno de esos viajes, me dije que había que intentarlo en España de nuevo. Eran los noventa y los grupos estaban en un momento eufórico. Comparado con la depresión que había en Argentina me pareció que estaba en Disneylandia. Claro, tuvimos que llegar nosotros para que todo eso se acabara. Todo el mundo tenía los ojos puestos en la Expo de Sevilla, parecía que esto iba a ser la hostia, y a los dos años nos damos cuenta de que este funcionamiento, con los ayuntamientos pagando cachés astronómicos, se cae y, bueno, justo ahí nos comienzan a ir a Los Rodríguez las cosas bien. Siempre fuimos a la contra.

-Es cierto, porque con los dos primeros álbumes de Los Rodríguez, Buena Suerte y Disco Pirata, no pasó gran cosa. ¿llegasteis a pensar en tirar la toalla?
-Claro, ten en cuenta que a Andrés le seguían surgiendo cosas en Argentina y extrañaba en la medida que las cosas no salían aquí. Teníamos una urgencia: si las cosas no funcionaban en el grupo iba a durar dos años, más no podíamos estirar esa situación, de hecho, con Sin Documentos fue muy difícil comenzar a convencernos a nosotros mismos, y eso que la salida del disco, para lo que era nuestro mercado, fue un salto salvaje. "Sin Documentos" fue un tema que arrasó, tanto que casi se comió al resto del disco. Ahí cambió todo.

-Desde ese instante todo os va bien y en el momento de mayor éxito del decidís acabar con el grupo. Ha llegado el momento de preguntarte eso que, estoy seguro, nadie te ha preguntado aún: ¿por qué el final de Los Rodríguez?
-(Risas) ¡Me alegra que me hagas esa pregunta! En serio, es por lo que te cuento: cuando nosotros nos juntamos, Andrés ya tenía una carrera en solitario muy desarrollada y ya tenía una parte de su actitud en solitario, era algo con lo que contábamos, que en algún momento Andrés iba a tener una oferta e iba a plantear un periodo de descanso. De todas formas esta espada de Damocles empezó a planear sobre nosotros prácticamente después de Sin Documentos. Para mí era muy frustrante que hubiera una ruptura porque sentía que no habíamos empezado a cumplir el ciclo pero, por suerte, creo que en ese sentido puse mucho para tratar de que por lo menos tuviera una cierta coherencia todo el esfuerzo que habíamos hecho. Y conseguimos grabar Palabras mas, palabras menos, un disco que en el estudio fue problemático entre nosotros, incluso hicimos la gira de ese disco, que iba a ser la última, pero surge la propuesta de salir de gira con Sabina, una propuesta que no podíamos rechazar y, para colmo, se publica Hasta Luego y se amplifica el éxito como nunca lo habíamos imaginado. Pero la decisión estaba tomada desde hacía mucho tiempo.

-¿Todo el mundo dentro del grupo estaba de acuerdo?
-Evidentemente no es la misma situación para todos, eso está clarísimo. Después de Andrés, que era quien más claro lo tenía, podía venir yo y los demás lo podían tener peor. A mí mismo, que ya lo había hecho, me costó mucho pensar en un disco en solitario.

-¿El disco de Los Rodríguez que más vende es, curiosamente, el último, Hasta luego?
-Sí llevará unos 260.000 o por ahí, una barbaridad, el doble que Palabras más, palabras menos, que se sigue vendiendo. Ahora, con lo de las series medias, Palabras andará por los 140.000. Pero lo de Hasta Luego fue alucinante, fue recoger lo que habíamos sembrado, y menos mal que hubo una compensación de algún tipo.

-¿No te daba miedo enfrentarte a un trabajo en el que ibas a cantar tú solo?
-Muchísimo, pero bueno, fue una de las cosas en las que más trabajé y no solo, te lo aseguro.

-El tono general de las letras de Hablando solo, me parece, es bastante pesimista y urbano.
-¡Son las más optimistas que puedo hacer! (risas). Creo que hay de todo, no pienso que sea un disco que tenga un concepto. De cualquier manera empieza y termina con un rock and roll, eso lo hace un poco conceptual, entre el primer y último rock, todo el roll.

¿Es el álbum que querías hacer?
-Es más del disco que yo quería hacer. Estoy sorprendido más que contento, todavía sigo descubriendo en cada escucha una línea de bajo que no había captado o un feel de batería. Lo disfruto mucho, sólo con prestar atención a un solo instrumento descubro cosas.


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