HISTORIA 1
Extraído de la revista
"Efe-Eme" Nº5 (Marzo,1999)
Texto: Juan Puchades © Efe Eme.
Fotos: Cortesía de Revista "Efe Eme" © Efe Eme.
Prohibida la reproducción.
www.efeeme.com
1970. Paco Ibañez actúa en Buenos Aires y dos amigas
acuden al recital acompañadas por sus hijos de 10
y 11 años; los chavales que no se conocen, se
sientan juntos y coinciden en que aquello que están viendo,
la poesía de Paco Ibañez, no es lo suyo dado
que ambos prefieren sonidos más fuertes,
más rockeros. Aquel concierto es el inicio de una amistad que,
con alguna interrupción, dura hasta la actualidad.
Los niños son Alejo Stivel y Ariel Rot - en realidad
Stivelberg y Rotenberg - compañeros de aventuras desde
aquel día.
Pertenecen a la Intelligentsia argentina de orígen
judío, de ideas progresistas y profesiones liberales: el padre
de Alejo es realizador de cine y televisión; el
de Ariel dirige un periódico, mientras su madre
es cantante.
Pronto aprenden a alternar los juegos infantiles con atentas
escuchas a los Rolling Stones, sus ídolos musicales.
Inevitablemente, comienzan a componer sus primeras canciones
adolescentes en los ratos libres que el colegio les deja.
Cerca de la casa de Ariel está el local de Sergio
Makaroff, músico ya profesional que junto a su hermano
Eduardo ejerce de francotirador del emergente underground
porteño,-contrapuesto a los monstruos sagrados
del rock argentino-, bajo el nombre de Los Hermanos Makaroff.
Es en ese local donde Alejo y Ariel ven de cerca, por vez primera,
instrumentos y equipos profesionales. Aquello es la gloria.
Las cosas no pintan nada bien en Argentina. Año 1976: Videla
está en el poder y comienza la parte más
triste de la historia reciente argentina.
Con buen criterio, las familias Stivelberg y Rotenberg ponen rumbo
a España.

Primera foto promocional con la formación original.
De izquierda a derecha: Julián(sentado),Ariel,Felipe y el Oso.
Foto: Archivo Ariel Rot.
Ariel y Alejo, alrededor de dieciséis años, llegan a
Madrid con ganas de comerse la ciudad. Todos los viernes se dejan
caer por uno de los pocos lugares que programan rock, el New M&M.
Por allí ven desfilar a los grupos de época,Ñu, Asfalto...
Un día, en aquel escenario, toca la Spoonful Blues Band,
formación en la que militan Julián Infante(guitarra), Felipe Lipe(bajo) y
El Oso(batería). Sus influencias tienen que ver con el rock sureño
norteamericano, algo nada cool, pero a Ariel y Alejo les gusta como toca Felipe;
tras el concierto se acercan y le comentan que tienen temas compuestos y les
gustaría que trabajase con ellos.
Felipe, en vista de que Ariel y Alejo
no tienen ni equipo ni local de ensayos, decide pasar de ellos.
Tres o cuatro meses después Ariel recibe una llamada de Felipe: se han
quedado sin guitarrista y le ofrecen hacer una prueba. En ella comienza a
tocar canciones compuestas junto a Alejo: "Rock and roll en la plaza del
pueblo","Nena, qué bien te ves" y algunas otras que
formarían parte del primer disco de Tequila. Ariel rápidamente
es aceptado en las filas de la Spoonful Blues Band. Corre el año 1977.
Comienzan las primeras actuaciones y cambian el nombre por el más comercial
de Tequila(al repertorio ya se han incorporado los temas argentinos).
Pasa un año -en el que Ariel se hace cargo de la voz y guitarra
solista-, y tras un bolo aparece Vicente "Mariscal" Romero
acompañado de Luis Soler, quienes avisados -"hay un grupo
con dos sudacas guapos"- por Miguel Angel Arenas,"Capi",
quieren ver en acción a la banda.
La reacción es inmediata: les ofrecen grabar un single para la
recién creada Chapa Discos -filial rockera de la histórica
Zafiro, ver EFE EME Número 4-, para ser incluído en el
segundo volumen de Viva el rollo, serie de discos colectivos
que aspiraba a tomar el pulso al incipiente nuevo rock madrileño.
Alejo está a punto de incorporarse al grupo como cantante, El Oso hace
unos meses que se ha ido a la mili y su lugar ha sido ocupado por Manolo Iglesias,
músico que asegura estar influenciado por el Jazz.
La formación definitiva queda asi: Alejo Stivel(voz), Ariel Rot
(guitarra solista), Julián Infante(guitarra rítmica),
Felipe Lipe(bajo) y Manolo Iglesias(batería).
Todo va deprisa y unos días después de la firma del contrato
la discográfica les propone una grabación televisiva en el
concurso más importante de la época, el Un, dos, tres.
Alejo todavía no ha ensayado lo suficiente con la banda y Ariel
vuelve a ponerse frente al micro. Su primera aparición en 625 líneas
resulta un desastre, los de Chapa les piden que toquen una versión de
"El rock de la cárcel" junto a un tema propio y los
hábiles realizadores de TVE deciden cortar, fundir y remontar las
canciones: principio, estribillo y final. Así se escribe (transmite)
la historia del rock en este país.
El grupo acepta la condición de grabar el primer
single con el propio Mariscal como productor. Es enero de
1978 y en los estudios Audiofilm se registran "Necesito
un trago" y "Buscando problemas", dos
contundentes muestras de lo que son capaces de hacer
estos chicos; vertiginoso rock juvenil sin contemplaciones aderezado
con proclamas tan descaradas -entonces y ahora- como "lo que
necesito es un trago para poderme estabilizar".
Los directores de Zafiro cazan al vuelo el potencial de la banda
y deciden preparar el lanzamiento de Matrícula de honor,
bajo la conocida etiqueta Novola -en la que registraron los Brincos
sus míticos álbumes- en lugar de la novata Chapa.
Empieza a verse por dónde va la jugada.
En marzo graban los temas que formarán parte del disco de debut.
Repiten estudios y equipo: Mariscal de productor, Luis Fernández Soria en
las mezclas, Ruben Dantas en la percusión y Luis Cobos (sí, el
posterior destrozaclásicos) en el saxo y el moog.
La portada ilustra a la perfección el contenido: inquietantes
adolescentes con malas pintas en un aula escolar retratados, ya en la
foto interior, con exceso de maquillaje y actitud provocativa.
Los créditos se abren con una rebuscada frase de estudiantes
rebeldes:"Este es nuestro primer LP. También nuestra primera
matrícula de honor; la que no pudimos conseguir en años
de escuela.".
Matrícula de honor es el fiel reflejo de la situación
inicial del grupo. El repertorio se elige sin demasiados criterios de homogeneidad:
se pasa del rock acelerado de "Necesito un trago" o "Rock
and roll en la plaza del pueblo" a sedosos temas como "Abre el
día"(compuesta por Ariel en el colegio), o los dos instrumentales
("Israel" y "Vacaciones en Copacabana") de regusto tropical
y jazzístico, en los que se notan las influencias de Manolo.
La banda suena enérgica, descarada y colorista, pura invitación
a la fiesta. Claro que son divertidos, pero, sorprende su dominio instrumental:
guitarras frescas y explícitas, demoledora sección rítmica
y Alejo escupiendo con desparpajo consignas lúdico-juveniles para
superar el tedio diario.
En el estudio surgen los primeros desencuentros con Mariscal. Ellos no
saben lo que es producir un disco, pero sí tienen claro que las
guitarras distorsionadas que tanto gustan a su productor no reflejan el sonido
que ellos desean alcanzar: prefieren una sónica más elegante(
al final la batalla no la gana nadie ya que conviven las dos tendencias
salpimentando los múltiples estilos).
Con la grabación de Matrícula de honor aún
caliente, vuelven a finales de mayo a Audiofilm para registrar como
banda de acompañamiento, Fiebre de vivir, primer trabajo
en Madrid del histórico cantante argentino Moris. Un disco fundamental
en la historia del rock español, que se beneficia del optimismo
juvenil y frenético sentido del rítmo de los Tequila.
Pero Fiebre de vivir no es más que una anécdota en
la trayectoria de la banda, que con su disco en las tiendas empieza a ver
cómo van subiendo las ventas("Necesito un trago" ya los
había dado a conocer), y las actuaciones se multiplican gracias,
en gran medida, a Gay Mercader, manager que intuye las posibilidades
del grupo(como los músicos, también es un rollingstoniano
militante). En verano las plazas de todos los pueblos son suyas.
El disco, todo un genuino revulsivo para el panorama nacional, es
excelentemente recibido por la crítica (Alejo:"La mejor
crítica fue la de Matrícula que Diego A. Manrique
publicó en Triunfo") como ya pasara con sus
actuaciones previas, pero, una vez empieza a venderse bien, ocurre
lo que seguramente los músicos no esperaban: Tequila son
adoptados por tropas de fans como ídolos musicales/sexuales/
juveniles, fenómeno hasta entonces reservado a los cantantes
melódicos-guaperas del momento, los Pecos, Miguel Bosé,
Camilo Sesto y demás.
Así es que Tequila, surgidos en un principio del underground
madrileño y afines a colectivos como La Cochu, son tratados como
estrellas mediáticas, con portadas en las revistas para fans del
momento, con El gran musical y Súper Pop a la cabeza.
Ha comenzado la tequilamanía y ellos están encantados,
son jóvenes, y tienen casi todo lo que un tipo de su edad puede desear:
dinero para funcionar, éxito, diversión, fama...drogas y sexo.
Se comienzan a propagar rumores antipáticos, que en los siguientes
años no cesarán. Se habla de manipulación de las
fans por parte de la discográfica (ésta les daba apoyo
logístico y estratégico, de ahí que muchas veces
las pancartas fueran las mismas, o estuvieran rotuladas por la misma mano),
se comenta que los padres de Alejo y Ariel financian campañas de
promoción (algo que Ariel desmiente categóricamente: "nuestros
padres no querían que nos dedicaramos a esto, así que de pagar
nada"), se habla de grupo manipulado y todo eso que te imaginas.
Y es que en la España de finales de los años setenta no
estábamos muy acostumbrados a bandas como Tequila(realmente no estábamos
acostumbrados a casi nada), con su pose a medio camino entre chulos de barrio
y glamorosas estrellas nacidas para triunfar. Ellos carecen de complejos:
no rechazan participar en los típicos festivales para fans(junto
a la morralla del momento) y luego acercarse hasta primitivos festivales
rockeros al aire libre como La noche roja(con Miguel Ríos como
promotor) o Canet rock(en el que compartirían escenario con
Ultravox y Blondie). Pese a su actitud claramente rockera, su credibilidad
se va resquebrajando(tampoco ayuda que Mariscal hable de "vendidos" y
tópicos así).
Tequila mientras tanto, viven en su propia y esplendorosa burbuja,
siguen refugiándose todas las tardes en el local de la calle
Arturo Soria -una chabola en medio de un descampado-, para ensayar,
fumar porros y componer canciones ajenos al ruido urbano. Alguno
todavía vive en casa de sus padres; no es el caso de Julián
(el más mayor de todos, nació en 1957), casado unos
años antes y padre de una criatura, detalles que en las enloquecidas
entrevistas de la época él mismo oculta. No hay que olvidar
que Julián siempre ha poseído un portentoso sentido del humor,
vitalista y contradictorio...y dicen que no la ha perdido, a pesar de
su mala racha actual.
En ese local nacen la mayor parte de sus canciones, habitualmente
compuestas sobre un riff de Julián o Ariel y terminadas de pulir
por Ariel y Alejo, con textos casi siempre de este último. Los
temas rápidamente se incorporan al directo, de tal manera que
al entrar en el estudio, las canciones ya andan solas; se improvisa
el arreglo final, tanto que las versiones de los discos no son
necesariamente iguales a las de directo.
Tras un año sin parar de tocar, en el verano de
1979 se graba su segundo albúm, Rock and roll,
con importantes novedades: cambio de estudios (se instalan
en los madrileños Torres Sonido) y deciden hacerse
ellos mismos cargo de la producción. El sistema de
trabajo parece sencillo: "íbamos al estudio con las
canciones ya rodadas, hacíamos varias tomas y a esperar que
el ingeniero sacara un buen sonido"(Ariel). Fácil,no?.
Sin embargo Rock and roll es una de las mejores producciones
de rock realizadas en España hasta ese momento(cierto que el listón
no estaba muy alto).
Pero vayamos por partes: lo primero que llama la atención es la
carpeta -un lujo con poster incluído ideado por Juan Gatti,
diseñador ya fogueado en Argentina en el diseño de discos-,
atractiva y elegante al mismo tiempo que claramente enfocada como producto
juvenil, sin olvidar su punto macarra: el vestuario no tiene desperdicio(han
arrasado todas las tiendas de chicas de la madrileña calle Serrano,
menos chic que irse a Londres, pero funciona) y la Gibson Les Paul color oro
de Ariel -años después se la robarían- es una meditada
bofetada a la cutrez de sus contemporáneos. Desde este trabajo, sus
sucesivos discos se van a caracterizar por el cuidado en el envoltorio,
siempre con Gatti como cabeza pensante y Javier Vallhonrat como fotógrafo,
incluyendo pegatinas, "galletas" de un buen gusto insultante y
tiradas en varios colores.
Una vez Rock and Roll comienza a girar en el plato sorprende la calidad
y claridad del sonido, a años luz de Matrícula de honor.
El repertorio no le va en zaga, desde rotundas piezas como "Quiero besarte" o
"Me vuelvo loco" a novedades como el reggae de "El barco" y el
concepto pop de "Todo se mueve". Además del Mister Jones de
Charly García, y la tórrida "Rock del ascensor", de
Sergio Makaroff (ya incluían en el primer disco una canción suya),
el amigo bonaerense que ha seguido su pista y se ha instalado en Barcelona.
Con Rock and roll Tequila alcanza su mayor punto de ventas, 160.000
ejemplares (de 1979, o sea una barbaridad) y los bolos se suceden bajo la
batuta de Gay Mercader, amigo y protector antes que manager, Gay
los introduce en la Barcelona de esos años, fascinante, canalla y culta,
de la que quedan prendados. En las visitas a la ciudad se alojan en la casa de
Gay, esté o no esté él; le piden las llaves y se quedan
allí asaltando la despensa (aunque a principio de los ochenta cambiarán
de manager ya que con Gay que sigue promocionando visitas de estrellas
foráneas, no logran cubrir todas las expectativas que creen pueden
alcanzar).
Viven en la carretera, tocando todos los fines de semana del año,
y todavía cae alguna actuación entre semana. Son el fenómeno
del momento, pero ellos, en su inconsciencia juvenil, no ven demasiados
beneficios: unas veces tocan por todo el caché-no demasiado alto- y
otras veces por lo que salga. Pasan del dinero -pese a que en las entrevistas
de esos años hablan y no paran de la pasta que quieren ganar-, nadie
maneja sus cuentas (ni ellos), piensan que el rock and roll es así de
caótico, son cada vez más famosos y se encierran en sí
mismos y su propio grupo de amigos(más algún camello agregado),
creando un círculo difícil de penetrar y una relación
de hermanos.
Son los años felices: pese a lo inestable de sus cuentas bancarias
se compran un equipo de sonido y luces -todavía es difícil el
alquiler de equipos en condiciones- y una furgoneta con la que recorrer todo
el país. Ignorando lo precario de las infraestructuras de esos años,
la vida en ruta es fascinante y ellos se entregan en cada concierto.
Consumidores habituales de marihuana, fuman en cualquier sitio (en la primera
visita a Barcelona han tenido un encuentro con la policía por haber
fumado porros en el avión y llevar unos talegos en el equipaje). Pero
cumplen con todo lo que se les pide: promoción incansable de ciudad
en ciudad o el ritual de de la firma de ejemplares en grandes almacenes.
De los que, en más de una ocasión salen custodiados por la
policía; en otras frente a las nulas medidas de seguridad, lo
hacen por piernas ante el acoso de las fans. Ah, ellas: las más
atrevidas les esperan a las puertas de los hoteles, Ariel: "en ese
sentido Tequila nos mal acostumbró bastante".

Tequila en un show de la televisión de México.
Foto: Archivo Ariel Rot.
En 1980 el panorama del rock español comienza a cambiar: la nueva
ola da sus primeros pasos y Tequila se queda como puente entre el rock
inmovilista y los brillos del nuevo pop. Pero nadie les hace sombra en
ventas y actuaciones. Todavía.
Para la grabación de Viva! Tequila! se trasladan hasta
Londres, Alejo tiene allí un contacto, el ingeniero de sonido
Peter McNamee. Será en su estudio, Central Recorder, donde
dan forma al tercer álbum. El viaje supone otra curiosa experiencia
y refleja lo precario del rock que se hace en España: Zafiro
les entrega en metálico el dinero para la grabación, más
o menos un millón de pesetas, que ellos se reparten y camuflan para
pasar por la aduana. En Londres, como buenos chicos, le dan la pasta a
McNamee que lleva la administración del dinero y la organización.
En el estudio el control está separado de la sala de grabación,
uno en un piso y la otra en el de abajo (la comunicación se establece
por medio de interfonos). Así se graba un disco coproducido con McNamee,
que colabora principalmente en buscar la sonoridad adecuada. En la parte musical
es el grupo quien lleva el peso de las canciones. Todo muy artesanal, para
registrar un sonido poderoso y transparente. Pese a contener un repertorio
contundente y sin desperdicio ("Mira a esa chica","Es sólo
un día más", "No llores", "Dime que me
quieres"...), Viva! Tequila! se vende menos que el anterior,
aunque las actuaciones se suceden incansablemente.
En 1981 llega uno de los capítulos más oscuros de la
historia de la banda: el disco japonés, otra de esas historias
alucinantes en las que se embarcan. Todo comienza cuando Zafiro les
anuncia que hay un sello japonés interesados en lanzarles allí;
como siempre ellos aceptan encantados sin saber de qué va la cosa.
Los nipones anuncian su visita a Madrid, pero con el escándalo de la
colza por medio, prefieren reunirse en Londres. Alli se presentan los cinco
sin nadie para asesorarles. Les proponen lanzar un LP con algunas canciones
propias grabadas en inglés (y traducidas por los japos) y dos
versiones de éxitos de Leif Garret ("Forget about you" y
"All my love always"). No ponen objeciones; siempre queda la
esperanza de, si el asunto tira para adelante, sacar los siguientes discos
japoneses sólo con sus canciones. En Londres meten las voces sobre
las bases ya grabadas (en las de Leif Garret ni siquiera tocan ellos) y el
disco se edita bajo el título de Viva! Tequila!, aunque no
tiene nada que ver con el álbum español del mismo nombre. En
japón se les lanza como carnaza para fans e incluso aparecen en portada
de alguna importante revista musical nipona(compartiendo espacio con
Stray Cats y Adam and The Ants).
Cómo acaba la aventura asiática? Con diez mil discos
vendidos, una miseria para ese mercado, y sin más noticias de
sus promotores orientales. Fin del sueño de exportar la tequilamanía.
El desgaste del grupo empieza a pasar factura: la heroína -con tan
buena imágen en aquellos años- ya ha hecho acto de presencia
en la banda: han abandonado, tras un robo, el local de Arturo Soria y se
trasladan al centro de Madrid. Con el cambio se pierde el encanto inocente de
los primeros días; se dan cuenta de la importancia del dinero que
no han ganado. Están en lo más alto y no paran de trabajar,
pero, Ariel por ejemplo, no puede ni pagar el alquiler y se ve obligado
a volver al hogar familiar. Además quieren buscar nuevas orientaciones
musicales: los Clash, entre otros, forman parte de la nueva dieta sonora.
Para el cuarto LP,Confidencial, repiten ciudad, Londres, y coproductor
Peter McNamee. Eso si, mejoran los estudios -ahora, Marcus Music- y se cuenta
con algún colaborador ilustre, Mike Gallagher, teclista que ha
trabajado, precisamente con los Clash. El sonido vuelve a ser deslumbrante y
las canciones relfejan fielmente los cambios en la banda: más contundencia,
mayor trabajo de arreglos y una cierta madurez cargada de pesimismo en los
textos.
Ni el despliegue publicitario (incluyendo vallas en las calles) ni éxitos
como "Número uno" o "Salta!!" logran arrastrar
las ventas de Confidencial, 50.000 ejemplares, muy por debajo de las
cifras de sus mejores momentos. Lo peor es que en el estudio han surgido
problemas y Felipe es llamado al orden: para mayor caos interno, al poco de
acabar la grabación deciden expulsarlo. En los directos se incorpora
al bajo Alex de la Nuez, recién salido de Zombies y que vivirá
sus cinco minutos de gloria años después junto a Christina
Rosenvige en el dúo Alex y Christina.
Las cosas no sólo van mal en lo privado, el público se ha
ido endureciendo y en Barcelona -en un concierto junto a Ian Dury- 200
tipos organizados les están esperando con un arsenal de botellas
que estrellan contra ellos (en el sentido más literal). No pueden
ni acabar la primera canción, se retiran entre explosiones de
cristales. Las peores actitudes punk han llegado tarde a España,
pero finalmente están aquí.
Ya se sabe, todo lo que puede empeorar, empeora. A los problemas de
drogas(creciendo día a día), de entendimiento musical y
distanciamiento personal, se suma una jugada maestra de Zafiro (años
antes, la compañía ha registrado el nombre del grupo como suyo:
malicia empresarial se le llama a eso). El contrato que tenían ha
vencido y la dejadez les hace olvidar que deben enviar una carta a la
discográfica para frenar la renovación automática.
Se ven encadenados por cinco años más con las condiciones
de cinco años atrás.
Ariel: "Es como si te quedara un mes de cárcel y, de pronto,
descubres que tienes que cumplir cinco años más, una pesadilla".
Para colmo, unos años después y atados por ese mismo contrato
tienen que renunciar a los royalties de sus discos para lograr
la carta de libertad. Sólo en los últimos años han
logrado recuperarlos. Nadie dirige nada y todo son problemas.
Zafiro no quiere que graben el siguiente disco con McNamee y empieza a ser
traumático sólo pensar en la posibilidad de entrar al estudio.
Además en la dirección de la compañía ha habido
cambios y los nuevos responsables sólo confían en Obús
y Barón Rojo, bandas de rock duro que logra sustituir a Tequila en
ventas. El quinto LP se queda en una maqueta de seís canciones,
en las que Alex y Ariel se alternan en el bajo. De las baterías se
hacen cargo Toti Arbolés y Julián: Manolo hace poco también
ha abandonado el barco. El final está cerca. Ariel, cada día
más harto, lo está pasando mal: tiene otras intenciones musicales
que no puede desarrollar con Tequila (cercanas al planteamiento de sus dos
primeros discos en solitario) y decide marcharse ante la indiferencia de
Julián y Alejo. Nadie dice nada, ni se plantean continuar adelante.
Ariel: "creo que en esos años, con toda la locura que nos
rodeaba, no calibré demasiado la decisión y la tomé
espontáneamente, fue un estallido mío".
Se venden por cuatro duros la furgoneta, pasada de kilómetros,
y el equipo, viejo y defasado. Eso es todo lo que queda.
Es 1983 y la aventura ha durado seís años. Los mismos
que tardarán Alejo y Ariel en volver a hablarse.
Texto: Juan Puchades
© Efe Eme.
Prohibida la reproducción.
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