Radicado en España desde hace casi 20 años, fue periodista y ahora vive de sus canciones. Está de vuelta, abriendo los shows de Andrés Calamaro. |
![]() Sergio Makaroff |
VOLVER. Makaroff, con menos pelos y las mismas mañas. El autor de
El Rock del Ascensor planea regresar con su banda.
En la muñeca lleva un reloj con la foto de
Carlos Gardel. Una muestra de identidad, si se
quiere. Sergio Makaroff acaba de
cumplir 46 años, hace casi veinte que se fue
de la Argentina para vivir en España y
disfruta este regreso con la esperanza de
quien tiene mucho por hacer, por decir, por cantar.
Invitado por Andrés Calamaro para abrir sus
conciertos, la mitad de Los Hermanos Makaroff
-una banda de culto en los lejanos años 70,
autores de El rock del ascensor, entre otras
canciones- se ríe del tiempo pasado y, como Gardel,
declara: "Veinte años no es nada".
¿Por qué te fuiste?
Lo puedo definir en cuatro palabras: corría el año 78.
¿Pero fue por la situación política?
Yo no estaba en nada, no era montonero ni del ERP,
pero era un rockero con el pelo largo y no me gustaba
nada ver a los Falcon sin chapa y gente con ametralladoras
adentro. Además, mi banda se había separado
por problemas personales y yo no veía qué
tenía por hacer aca.
¿Por qué a España?
Tenía unos amigos que vivían allá
y me contaban del destape y de cómo se estaban
resarciendo de 40 años de represión
del gobierno de Franco. Además, Ariel Rot y
Alejo Stivel habían formado Tequila, una banda
que tenía un éxito arrollador y que,
encima, cantaban canciones mías.
Así que no dudé y, después de rodar
por Madrid y por Ibiza, me instalé en Barcelona.
¿Siempre pudiste vivir de la música?
No siempre. En algún momento trabajé
como redactor publicitario y como periodista,
algo que ya había hecho en la Argentina
cuando tenía 17 años y escribía
en Cronopios y La bella gente.
¿Y allá dónde trabajaste?
En muchísimos lados, las revistas Man y Ajo Blanco,
El Periódico de Catalunya. No sólo hacía
críticas musicales, escribía sobre
lo que viniera.
Pero ahora sí vivís de la música...
Y, sí. Entre derechos de autor, la venta de mis
discos y las actuaciones con mi banda, puedo vivir.
En España editaste tres álbumes,
¿qué idea tenés para la Argentina?
Bueno, acá salió Un hombre feo, que es mi
último disco. Y espero que sea mi
desembarco. Quiero que me conozcan y que en
el futuro pueda volver con mi grupo.
¿Por qué Un hombre feo?
Vos querés decir "cómo siendo
un tipo tan pintón, le ponés
Un hombre feo". Se lo dediqué a mis
peores defectos. Soy miserable, egoísta,
con un alma negra, viscosa y nauseabunda.
Pero porque Dios aprieta, pero no ahoga,
para balancear mi fealdad interna me ha sido otorgada esta
enorme belleza externa. Pero no me sirve, prefiero ser
lindo por dentro.
¿Y hablando en serio?
Bueno, es sólo una canción del disco.
¿Sos amigo de Calamaro?
Amigos y compañeros del gremio Cantantes y compositores
argentinos afincados en España. Además de amigos
de Ariel Rot y nativos del barrio de Palermo.
A Andrés lo conocí cuando él tenía
16 años.
Antes de irme le vendí un amplificador.
Cuando lo probó, me di cuenta de que tocaba
muy bien. A los pocos días, me llamó Beto
Satragni, que buscaba un teclista para Raíces.
Y le recomendé a Calamaro. A los cinco años,
me tocó el timbre en Barcelona y me contó que
había triunfado con Raíces,
que tocaba con Los Abuelos de la Nada. Y que me lo debía
a mí.
A mí no me debía nada, más tarde o más
temprano iba a llegar a ser lo que es.
Yo lo habré ayudado a ganar seis meses, nada más.
¿También eras amigo de Charly García?
No sé si amigos, conocidos. Durante unos meses fui su
asistente personal. El empezaba a ganar guita con
Sui Generis y yo necesitaba laburo.
Como le caía bien y le gustaban Los Hermanos
Makaroff, me tomó de secretario. Es que cuando
lo había conocido, el famoso era yo y no él.
¿Cómo?
Yo estaba en Hair y me vestía como
una estrella de rock.
Una vez, junto a una compañera nos llevaron a un
programa de televisión a hablar de los hippies.
Y enfrente nos pusieron una parejita normal.
Eran Charly y María Rosa Yorio. El todavía
no había grabado ningún disco y su mamá,
que era productora, lo había puesto ahí.
¿Y cómo estaba Charly?
Muy bien, mucho más sano.